Bienvenidos a este 'blog'. Su meta es compartir propuestas, información y experiencias sobre los cerros de Bogotá. Cualquier información o artículo que ustedes quieren compartir en este contexto está muy bienvenido.
El contexto es una creciente preocupación por parte de los muchos amantes de los cerros únicos de Bogotá (deportistas, caminantes, amantes de la naturaleza) en cuanto al acceso cada vez más restringido a los cerros. Los motivos son varios: decisiones de la Alcaldía en cuanto a la seguridad topográfica de los cerros; inseguridad; la 'privatización' en algunos casos de los cerros en favor de edificios privados...
Habrá un grupo en Facebook también que tendrá como meta circular información y generar un debate público sobre los cerros de Bogotá. Este 'blog' será un espacio propositivo y que dará la información que necesitamos para promover nuestras causas: tanto la protección ambiental de los cerros como la protección de los derechos del ciudadano al acceso libre de los cerros.
Empiezo de una vez con un artículo escrito por Juan Pablo Ruiz sobre los cerros (28 de abril 2009), en El Espectador. Juan Pablo los conoce mejor que casi cualquier otra persona, habiéndose entrenado para subir Everest en nuestros cerros. El texto completo sigue abajo.
ARTÍCULO POR JUAN PABLO RUÍZ SOTO
¿Cerrando los cerros? 28 de abril, 2009. El Espectador.
Cerraron Monserrate y cuando intentamos continuar nuestras prácticas matinales de ascenso a los cerros nos encontramos con que la Policía impedía el ingreso al cerro conocido como Pico de Águila, argumentando que la gente que estaba subiendo por allí terminaba en Monserrate.
Luego vimos con asombro que se construyó una cerca de cinco hilos de alambre que impide pasar a la zona conocida como Los tanques del silencio, arriba del Parque Nacional. La semana pasada madrugué para buscar en el Pico del Águila a don Manuel, un caminante que hace más de 30 años usa diariamente este sendero y que entre quienes subimos se dice que su perro dóberman adquirió una enfermedad en sus articulaciones de tanto seguirle en su diario ascenso. A todos don Manuel nos saca más de 5 minutos cuando llegamos al punto conocido como Las Cruces, en la cima del cerro y sólo su señora lo alcanza en el ascenso. Claro, ella ya tiene una medalla que obtuvo en las Olimpiadas Sénior, donde participó en representación del país. En el ascenso no encontré a don Manuel, ni a nadie de los conocidos, excepto a una señora que pone flores en el santuario que hay a medio camino entre el punto conocido como Piedra Amarilla y la Curva del Silencio.
El capital natural que tenemos los bogotanos en nuestros cerros parece estar cerrándose. El lunes 27 de abril logré ubicar al director de Ecosistemas de la Secretaría de Ambiente; antes busqué a la directora de Comunicaciones de la misma entidad, quien no supo darme razón de qué es lo que se propone la Alcaldía con los cerros. El señor muy amablemente atendió mi llamada, pero se mostró ignorante de lo que está ocurriendo, no conoce la cerca que ahora bordea la Circunvalar, ni quién ordenó que nos impidieran el paso.
La Alcaldía ha fallado al no contar con los usuarios habituales de los cerros que más que nadie estamos interesados en mantener este capital natural para el libre y seguro acceso de todos los ciudadanos y que esperamos que la inestabilidad que hoy se presenta como consecuencia de la presencia esporádica de ladrones en los cerros desaparezca y que los cerros sean estables como lugares de visita y esparcimiento. Hoy, una excelente infraestructura como es la vía que da acceso al cerro de Guadalupe, no la podemos usar por la estable inseguridad de los cerros: allí todos los días atracan. Lástima que la Policía no dé seguridad.
Como ciudadanos reclamamos nuestro derecho a caminar por los cerros orientales y le solicitamos a la Alcaldía que dé a conocer sus planes y respete nuestro derecho a transitar libremente por el espacio público. Hoy por hoy, hay una gran desorientación con respecto a qué está pasando y, entre los indisciplinados que subimos, un deportista me dijo que si iba antes de las 6 a.m. la Policía no molestaba porque estaban durmiendo y otra señora asustada había oído que le habían vendido los cerros a los japoneses. Ni japoneses, ni exclusión mediante el uso de la Policía, lo que necesitamos es que como ciudadanos nos podamos apropiar del uso y conservación de este valioso capital natural que tiene la ciudad. Se requiere una clara explicación y un proceso de participación abierto para definir el futuro de este espacio común que son los cerros orientales.

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